La transformación digital ha convertido a los centros de datos en la infraestructura crítica por excelencia. Pero la creciente demanda de cómputo, impulsada ahora por la inteligencia artificial, está llevando a los operadores a explorar ubicaciones antes impensables. Desde las gélidas regiones del Ártico hasta las profundidades oceánicas, la búsqueda de eficiencia energética y refrigeración sostenible está redefiniendo el mapa de la nube.
Hace casi 15 años, Facebook (ahora Meta) inauguró su centro de datos en Luleå, una localidad sueca situada en el Círculo Polar Ártico. Mark Zuckerberg explicaba entonces que aprovechaban la baja temperatura exterior para refrigerar los servidores de forma natural. Más recientemente, en 2018, entró en operación el centro de datos subterráneo de Lefdal Mines en Noruega, ubicado en una antigua mina de hierro. Este complejo se jacta de ser uno de los más ecológicos de Europa, alimentado por energía renovable y refrigerado con agua de mar del fiordo adyacente, que se mantiene a unos 8 grados centígrados.

La irrupción de la inteligencia artificial ha intensificado esta carrera por la eficiencia. El incremento en la necesidad de computación asociada a modelos de lenguaje y visión por computadora ha llevado a propuestas tan audaces como la de Google para poner centros de datos en el espacio. Sin embargo, además de mirar hacia afuera, queda mucha superficie en el planeta por explorar, y el 70% está cubierta por océanos y mares.
La refrigeración líquida se está convirtiendo en un requisito indispensable en el sector, frente a la refrigeración por aire convencional. Con las cargas de trabajo de IA, la densidad térmica se dispara y la refrigeración líquida es más eficiente. Pero optar por esta tecnología tiene un costo: un estudio de 2026 del Instituto de la Universidad de la ONU para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH) revela que la huella hídrica asociada a la IA está alcanzando niveles preocupantes. Por ejemplo, el consumo eléctrico de los centros de datos en 2025 equivalió a 4,5 billones de litros de agua, suficiente para llenar 1,8 millones de piscinas olímpicas o cubrir las necesidades domésticas básicas de agua de cerca de 600 millones de personas en el África subsahariana.
Como resultado, la demanda de eficiencia en el uso del agua está aumentando. Un informe reciente de la asociación AFCOM señala que el 48% de los usuarios de centros de datos de IA incluyen la evaluación del consumo de agua como uno de sus criterios esenciales, cuando hace apenas dos años los criterios principales eran la capacidad de energía y refrigeración. Parte de este interés también responde a la presión social, regulatoria y de los accionistas para demostrar responsabilidad medioambiental. Este contexto ha abierto un terreno fértil —¿un océano?— para explorar modalidades de centros de datos que ofrezcan otras posibilidades.
En mayo de 2026 se presentó el centro de datos submarino de Shanghai Lingang, situado a diez kilómetros mar adentro de la costa de esta ciudad china y a diez metros bajo la superficie del mar. Con una capacidad inicial de 24 MW, es una iniciativa conjunta entre HiCloud Technology y la compañía estatal China Communications Construction. Funciona con energía suministrada por una planta de eólica marina cercana. Según las autoridades chinas, la infraestructura consume una quinta parte menos de energía que sus homólogas en tierra, gracias al efecto refrigerador del agua. El proyecto, anunciado en 2025, da continuidad a las pruebas realizadas por HiCloud en la isla de Hainan, con instalaciones sumergidas a 30 metros que operan desde 2022.
Si el de Hainan fue el primer centro de datos submarino comercial, el de Lingang es el primero sumergido que funciona con eólica marina. Pero ya antes se habían probado este tipo de instalaciones. El Proyecto Natick de Microsoft mantuvo durante dos años en el fondo del mar, en las Islas Orcadas (Escocia), el centro de datos Northern Isles. Una instalación a 36 metros de profundidad, del tamaño de un contenedor, que se mantuvo sellada y cargada con 12 racks y 864 servidores. Para conservar los equipos, se rellenó la atmósfera con nitrógeno; no había refrigeración activa, sino que esta provenía de las aguas circundantes. El contenedor se extrajo a finales de 2020.

“Sumergir un centro de datos aporta varias ventajas frente al modelo tradicional”, explican desde Microsoft, entre las que citan un entorno estable y naturalmente refrigerado, “lo que puede contribuir a una operación más eficiente”. De hecho, una de sus principales conclusiones fue la fiabilidad: estos servidores registraron una tasa de fallos ocho veces menor que la de un grupo de control en tierra. Además, la infraestructura funcionó con electricidad 100% renovable producida localmente. Señalan otras ventajas, como la rapidez de despliegue, con menos de 90 días desde la fábrica hasta la operación, y su funcionamiento sin mantenimiento durante largos periodos, con una operación prevista de hasta cinco años. “Project Natick demostró que los centros de datos submarinos pueden ser una alternativa viable desde el punto de vista técnico, operativo y medioambiental”, sintetizan.
Preguntados por los efectos en el entorno, desde Microsoft destacan que este fue uno de los aspectos evaluados, monitorizando las condiciones ambientales alrededor del centro de datos submarino para observar la vida marina y analizar posibles cambios. Además, se realizó una restauración del lecho marino al estado en que se encontraba antes del despliegue, así como la recuperación y reciclaje del módulo y materiales. “Los resultados del proyecto ayudaron a demostrar que es posible diseñar y operar este tipo de instalaciones con un enfoque orientado a minimizar su impacto ambiental”, inciden, sin concretar más allá este impacto.
Así las cosas, ¿veremos nuestras líneas de costa convertidas en un paisaje de centros de datos? No parece probable, al menos en el corto plazo. Desde la asociación SpainDC matizan que “todavía es pronto para saber si esas ventajas compensan los retos técnicos y económicos”. “Sobre el papel, puede ofrecer ventajas en determinados entornos, pero también introduce una mayor complejidad en ámbitos como mantenimiento, acceso, conectividad y operación”. Esto no quita que reconozcan que puedan tener encaje en algunos casos, ante el actual incremento en las necesidades de computación y refrigeración derivadas de la IA.
“Pero no parece razonable considerarlo una solución general”, valoran. En concreto, sobre su viabilidad en España o Europa, llaman a analizar cada proyecto caso por caso. “No basta con disponer de costa. Habría que estudiar la conexión eléctrica y de telecomunicaciones, el mantenimiento, los permisos, el impacto ambiental y la viabilidad económica”. Sí reconocen su potencial para reducir la ocupación de suelo “y, según el diseño, el uso de agua dulce para refrigeración”, pero enfatizan la necesidad de evaluar con rigor su impacto en el medio marino, su mantenimiento y su retirada al final de la vida útil. “Su desarrollo dependerá de que demuestre, con experiencia real y a escala, ventajas claras en costes, fiabilidad, mantenimiento e impacto ambiental”, inciden. “Por ahora, parece más prudente pensar en aplicaciones concretas que en una extensión generalizada del modelo”.

En cualquier caso, la opción del océano como emplazamiento de centros de datos seguirá explorándose, ya sea para sumergirlos completamente o en otras modalidades que aprovechen el medio. El magnate tecnológico Peter Thiel está realizando inversiones millonarias en la startup Panthalassa, que plantea data centers flotantes. En Japón, es cuestión de tiempo que se estrenen instalaciones que aprovechan barcos usados con este fin. En un contexto dominado por la creciente demanda de IA, nadie está dispuesto a dejar sin explorar un potencial filón; menos cuando es tan abundante.
Este tipo de innovaciones en infraestructura también tienen implicaciones para la seguridad y la gestión de riesgos. La IA agente desata una nueva era de ciberriesgos, y los centros de datos submarinos no son ajenos a ello. Además, la eficiencia energética y la sostenibilidad son clave en la adopción de soluciones avanzadas en la nube, como las que se describen en Soluciones avanzadas en Microsoft Azure: más allá de la nube básica.
Fuente original: ComputerWorld. Análisis y adaptación por ForgeNEX.